sábado, diciembre 22, 2007

(Mis duendes irlandeses)
UNA NAVIDAD FELIZ...
Hace una semana cumplí un año de mi diagnóstico, parece que fue hace mucho más… Y ahora que faltan un par de días para la navidad, he estado buscando algún mensaje bonito, de esos que te llegan por Internet para reenviarlo a todos mis amigos y familiares, pero todos me parecen vacíos, cursis o sin la emoción que merecen en esta ocasión. Esta va a ser una navidad muy diferente a las otras, en muchos aspectos, pero sobre todo, porque va a ser una navidad cargada de optimismo y felicidad por el simple hecho de estar viva y que Dios me ha permitido una segunda oportunidad. La oportunidad de seguir compartiendo mucho tiempo al lado de quienes quiero, de poder dar gracias cada día que pasa a pesar de todas las adversidades de la vida…
Gracias a Dios en primer lugar por esa oportunidad, de abrirme los ojos y encaminarme a una misión en la vida con más compromiso que antes, gracias a mi familia, mi hija, mi mamá, mi esposo, mis hermanos y de aquellos que están lejos pero a la vez tan cerca… dar gracias a mis amigos, conocidos y allegados que de alguna manera se involucraron a lo largo de este duro año que vivimos y del cual salimos airosos, fortalecidos mas bien… sin todos los antes mencionados… esta dura batalla hubiese sido imposible de ganar.
No pido ningún regalo de navidad, sino salud, mucha salud, y que Dios bendiga a cada uno de ustedes en este nuevo año que se avecina y se cumplan todos sus deseos… de todo corazón… se les quiere!!!

lunes, marzo 26, 2007

(Mujer leyendo, Fernando Botero)


MUJERES HASTA EN LA SOPA.

Están en el cine y en el teatro, comiendo cotufas saladas con lágrimas y gomitas dulces entre una risa y otra. Disolviendo tristezas en una taza de chocolate caliente y acompañando soledades con un latte vainilla aunque al día siguiente, se arrepientan de haber sumado más puntos de los permitidos. Están en el bautizo del libro de su poeta favorito y tomando notas en la junta de condominio. En la reunión de padres del colegio y en la piscinada del más fastidioso de los amiguitos de su hijo. En el auto mercado eligiendo galletas bajas en calorías, frutas altas en vitaminas y haciendo magia entre ofertas de fin de temporada y saldos bancarios de fin de mes. Aprovechando el rojo del semáforo para revisar la lonchera antes de que suene el timbre del colegio y apurando un beso cariñoso junto a un “Dios te bendiga” que debe durar toda la mañana. Pintándose la boca con ese labial que promete brillo a prueba de besos y recordando que el de los besos, tiene varios días desaparecido. Están en el banco estirando la tarjeta de débito como si fuera un chicle y calladitas atendiendo el celular que ha sonado cinco veces en el fondo de su cartera favorita; esa donde te cabe todo, pero no encuentras nada. Están en la peluquería alisándose el pelo, alargándose las uñas y consintiéndose por fuera para sentirse mejor por dentro. En la universidad aprendiendo letras, ciencias y leyes o en la casa cocinando, ordenando y administrando. Están en la charla de autoestima y en la conferencia sobre educación bolivariana. Y los sábados en la mañana, están en la clase de bailo terapia.

Las hay de diversos modelos, variados tamaños y en todos los colores; especialmente en lo que a pelo, uñas y ropa se refiere. Asomándose a la pubertad o apenas saliendo de ella; de cierta edad y de no tan cierta. No les importa que sea al aire libre -mejor dicho- que sea en una terraza que da hacia la calle donde se aposta una legión de hombres con barrigas de grueso calibre haciendo el único ejercicio posible: girar los ojos al son de la música y la mandíbula al ritmo del deseo.


Sólo un hombre se mueve y nos hace mover, Ricardo, el entrenador. Moreno tostado, cuerpo atlético, ojos claros y pelo rulo de sospechoso amarillo. Al comienzo, la cadencia es tan suave como la música. Los cuerpos empiezan a calentarse al ritmo de una Britney adolescente y pre-mamá, pero la velocidad va en aumento y con ella los movimientos. Detrás vienen Madonna, Shakira y Gloria Stephan apurando el paso y el meneo. Se siente muy rico esa mezcla de brisa mañanera, sol empezando a calentar y acordes que entran por los oídos y salen por las pies, por los brazos, por las caderas, pero especialmente por la boca en forma de sonrisa.

Hay una muchacha en la primera fila que sigue cada uno de los pasos de Ricardo. Debe ser bailarina –se consuela uno, que cuando le coge el golpe a un paso resulta que ya van por el siguiente-. Por si fuera poco, lleva una licra negra muy ceñida -desde los tobillos hasta el ombligo que perforado por un piercing no deja nada a la imaginación de la concurrencia masculina- y, una franelita verde fosforescente donde un par de pezones henchidos de silicona se proyectan briosos, encabritados. ¿Por qué será que todas las mujeres que se operan las lolas siempre tienen frío?

En la segunda fila hay dos señoras de la segunda edad que con franelas grandes gozan un puyero al ritmo de Thalía. Flacas y rellenitas -¡no me digas gorda por favor!- bailan con Olga Tañón merengue dominicano. Una gruesa gota de sudor se desliza entre mis dos pechos sensibles y auténticos; menos mal que llegó una pausa y con ella la licencia para hidratar el cuerpo y la cara. A estas alturas, ya me duelen hasta unos músculos que no sabía siquiera que tenía, pero allí está Ricardo para animarnos con cara de bravo y guiño cómplice.


Después de una hora de sensual ejercicio bajo el sol, ritmo delirante y problemas pospuestos, salimos hechas un mar de sudor y felicidad para seguir adelante con la rutina del fin de semana. A las duchas las que tienen la dicha de vivir cerca; a la peluquería las que no se pelan la rumbita de esta noche; al mercado las que dejaron al marido en casa viendo el mismo partido de fútbol de todos los sábados; a hacer la tarea las más pequeñitas; a estudiar la que tiene examen el lunes; a sentarse a ver fijamente el celular –ligando que por fin suene con la voz esperada- aquella catira que aprovechaba para pegarle la oreja a su morral de ositos mientras las demás tomábamos agua.

Los mirones se retiran. El espectáculo de curvas, sudor y música se repite el próximo sábado y gracias a Dios, es gratis.


Mitchele Vidal
Caracas, 24 de marzo de 2007


(Catedral Metropolitana)


México DF

“…Con todo y los horrores de la megalópolis, lo mejor ocurre tras los muros de las casas y los edificios. Allí tejen sus vidas unas gentes amables, herederos de una cultura, de unos sabores únicos, de una disposición de colores propia. Gente que hace de México un país, una huella inconfundible. Algo con lo que los venezolanos soñamos ardidos en fiebre: una identidad nacional, un destino común, una patria”.
Rafael Arráiz Lucca


Hace poco más de un mes que regresé de México DF y todavía siento que estoy en esa burbuja de colores y sabores únicos. Es como cuando agitas uno de esos souvenirs que guardan una sorpresa bajo la nieve falsa: sólo puedes ver lo que esconde con claridad poco después de que cesa el movimiento. Cuando la “nieve” cae, se asienta, todo se ve más nítido a través del plástico.

No es fácil digerir tanta ciudad, tanta gente compartiendo un mismo espacio, tanta historia remota y reciente separada por una calle, acaso por un muro. No es posible formar parte de esos 25 millones de corazones que laten bajo un mismo cielo sin pensar que en el espacio que ocupa esa megalópolis -la más grande de nuestro maltratado planeta, después de Tokio- cabemos todos los venezolanos, sin exclusiones.

La puerta se cerró (abrió) detrás de ti…


Llegamos al DF mexicano después de las 11:00pm con el cansancio de todo un día de viaje (varias colas en Caracas –2 horas de trocha–3 horas de antelación en el aeropuerto–2 y media horas de vuelo hasta Panamá–1 hora de trasbordo–3 horas y pico hasta el DF– trámites de inmigración y aduana requeridos) ¡Uf, pero finalmente llegamos! Junto a la emoción del arribo también aumentaba la ansiedad al recordar lo que varias veces me dijeron antes de salir de Caracas: “Mosca, que esa es una ciudad súper peligrosa”; “No sueltes a Alejandra ni un minuto que allí hay muchos secuestros de niños”; “No tomes taxis que no sean de línea porque es muy peligroso” y un largo etcétera que me hacía pensar que todos esos “consejos” venían de gente que creía que yo vivía en la apacible Viena y no en la malquerida Caracas cuyas cifras de asaltos, robos, secuestros express y demás lindezas del malandraje nacional harían palidecer al más valiente. Claro, cuando estás en tu patio sabes más o menos por dónde meterte aunque eso no garantice para nada tu seguridad. En fin. No me platiques más…

Pero lo cierto es que el aeropuerto de ciudad de México -que es tan grande como corresponde a una ciudad de semejantes dimensiones- está diseñado de modo tal que parece muy manejable o al menos eso sentí gracias a un ángel de la guarda mexicano que la Virgen de Coromoto vestida de Guadalupe, tuvo a bien sentar en el mismo avión que nosotras sólo para hacer más tranquila nuestra estadía en la mega ciudad. Armando, que así se llama ese ángel fumador, averiguó por teléfono dónde quedaba exactamente el hotel que yo había reservado; nos ubicó un taxi del aeropuerto pagando en pesos mexicanos la suma previamente acordada y, de paso, se aseguró a viva voz que íbamos a llamarlo por teléfono en cuanto llegáramos a la habitación. No fuera a ser que el taxista creyera que esta señora y su menor hija no tenían quien les escribiera o quien las esperara, en este caso.

De piedra (no) ha de ser la cama…


Al hotel llegamos con un cansancio tan agudo como el frío de la madrugada chilanga, pero una vez allí nos hicieron sentir la calidez y la hospitalidad de un hostal pequeñito pero cumplidor donde una recepción decorada con buen gusto y mejor sonrisa nos daba la bienvenida. Eso era apenas un abreboca, porque al llegar a la habitación siguieron las sorpresas. Colores claros, luz tenue y detalles de diseño vanguardista fueron el marco perfecto para esas horas de descanso reparador que pedía a gritos nuestro cuerpo.

Al día siguiente encontré en la habitación un hermosísimo libro con fotografías a todo color sobre México, sus bellezas naturales y construidas. Toda una invitación a recorrer calles, avenidas y monumentos. No hacía falta nada más para salir al encuentro de la ciudad y así lo hicimos, rumbo al Auditorio Nacional desde donde parte una ruta de autobuses turísticos de dos pisos que recorre la ciudad, deteniéndose en los edificios, plazas y parques más emblemáticos. Hasta ahora nada del smog, ese demonio contemporáneo que siempre acompaña a cualquier comentario sobre el DF. Pensé que como los niños estaban de vacaciones el tráfico y el humo habían disminuido notablemente, igual que en Caracas para estas fechas. Al día siguiente, Armando me comentó que además de esa razón hay otras que han influido positivamente en la disminución de la contaminación: “el Estado tiene un control fuerte sobre los automóviles: revisiones periódicas de los motores, filtros y emisión de gases tóxicos de acuerdo a los años que tenga el vehículo; además, el día de parada está vigente: los carros con más de 5 años tienen dos días de parada a la semana”. Los efectos de una política coherente en este sentido se sienten, el parque automotor es bastante nuevo.
Pero volvamos al “Turibus”, que así se llama el autobús de dos pisos -sin techo en el segundo nivel donde se disponen los asientos para disfrutar de un paseo al aperto-, un vehículo ideal para transitar esta enorme ciudad y empezar a entenderla desde un poquito más arriba que la vista del peatón y del conductor de un carro o de un taxi. El trayecto va acompañado de un sonido en varios idiomas que cuenta anécdotas y aporta datos sobre los sitios de mayor interés. El clima es maravilloso: una brisa fría acompaña al dios sol bajo un cielo de un azul tan intenso como el que tiñe las paredes de la casa de Frida Kahlo. Cuando habíamos recorrido apenas unas cuadras Alejandra me comenta: “Mami, no sé para dónde ver, hay demasiadas cosas bonitas”. Una verdad del tamaño de cualquiera de los templos que se levantan a lo largo y ancho de la ciudad, o del Paseo de la Reforma, una avenida majestuosa que me hizo recordar a Madrid por lo amplio de sus canales y lo imponente de los monumentos que la acompañan. A todo lo largo del Paseo y sobre la generosa acera, se encuentra una exposición de artistas plásticos que tuvieron la tarea de crear una serie de bancos para hacer más divertida la ruta de los peatones. Madera, plástico, acero, aluminio y hierro con toda la plasticidad que los caracteriza, dieron forma a decenas de diseños de variadas formas y colores. Niños y adultos se sientan en ellos, se ríen, conversan, se toman fotos; una pareja se besa debajo de un manojo de cartas que hace las veces de respaldo metálico, el amor es la apuesta.

Esta ciudad tiene siete siglos de historia superpuesta: desde antes que llegaran los españoles y construyeran a sangre y fuego una ciudad colonial sobre la Tenochtitlán existente, hasta ahora, cuando se funden presente y pasado para dar vida a una ciudad única; aunque su crecimiento desmedido y en parte anárquico no dista mucho del resto de las ciudades latinoamericanas. De una calle a la otra se pasa de un barrio popular a otro de clase media o alta; de la Zona Rosa y sus sofisticadas boutiques a un mercado de libros que cobijan unos toldos de lona verde; de una zona más o menos segura a otra peligrosa. Las grandes zonas en que está dividida la ciudad se llaman colonias y algunas como La Condesa tienen un origen ciertamente divertido. Cuenta la leyenda que en esa zona vivía una Condesa -he ahí la razón de su nombre- pero con la llegada de la revolución y la persecución de todo el que tuviera un título nobiliario, esta señora desapareció sin dejar rastro ni descendencia alguna. Es más, hoy no queda siquiera un habitante de la ciudad que lleve el apellido de quien fuera habitante ilustre de la ciudad, pero una de sus colonias lleva el nombre de La Condesa. En contraste, los nombres de sus calles son de lo más autóctono: Michoacán, Mazatlán, Acapulco, Veracruz, Guadalajara, Sinaloa, Tampico y un largo etcétera con sabor al interior mexicano.
En esta ciudad mágica calles con nombres del antiguo imperio del pensamiento, como Plinio, Cicerón, Sófocles, Platón y Séneca te conducen hasta las vitrinas de los nuevos templos del hedonismo para aplastar allí la nariz y dejar la huella de tu aliento, cuando no de tu bolsillo, Vuitton, Zegna, Chanel, Tiffany, Bulgari y pare de contar, pero no gastar o de soñar. Los hoteles 5 estrellas que ostentan fachadas de vidrio estilo internacional se elevan sobre la avenida Andrés Bello. Armonía de brillo y confort sobre un representante de lujo de nuestro idioma. En las calles que rodean el casco histórico, abundan los nombres heredados de antiguos conquistadores y fechas patrias: Vizcaínas, Isabel la Católica, San Jerónimo, Ayuntamiento, 20 de noviembre, 5 de mayo y en un arranque de latino-americanismo aparecen calles con nombres de nuestros países. Tanto orden y concierto me hace recordar con una sonrisa a nuestra urbanización Las Mercedes, único sitio del mundo donde el Orinoco se une con París y New York.

Capítulo aparte merece la cantidad y calidad de monumentos, fuentes y esculturas que embellecen las vías más importantes de la ciudad: una réplica menor de la famosa “Cibeles madrileña”; el monumento a la independencia, cuya columna de piedra es coronada por un ángel de dorado brillante recién restaurado; una estatua de Colón que no ha sufrido los embates de los nuevos “indigenistas” y una hermosa escultura de Diana la cazadora, que esplende orgullosa toda la voluptuosidad femenina que en tiempos pacatos -pero no tan remotos- le fue arrebatada colocándole una falsa faldita sobre la desnudez de su bronce. Menos mal que la cordura de algún gobernante y el respeto por la obra del escultor, la devolvieron a su expresión original.

Por supuesto, llegar al Zócalo -esa plaza monumental- y verla rodeada de la majestuosidad de la catedral y del bullicio de un mercado de artesanos llena de brillo mis ojos incrédulos. El sol azteca se estrella contra el barroco de la fachada de la iglesia como hace varios siglos lo hicieran los guerreros indígenas contra la lanza española. Una gran bandera tricolor ondea frente a una piñata enorme de amarillo brillante y azul turquesa, en claro contraste con la rigurosidad de un edificio de fachada interminable: la antigua sede del gobierno. Aquí no hay espacio para el sosiego. Todo es fuerza telúrica y contagiosa. Lo mismo grita el pregonero ofreciendo estampitas de la Virgen de Guadalupe, que el artesano con sombrero charro voceando su mercancía hecha a mano. Lo mismo agita un “papalote” aquel niñito sonriente de pelo negro azabache y mejillas rebosantes de color, que el vendedor de la lotería nacional. Unos parlantes aumentan el volumen de la protesta de quienes llevan varios días acampando para ser oídos por sus gobernantes.
Un alto en el camino para saciar el hambre se puede hacer en cualquier parte, con la seguridad de darle contento al cuerpo y al espíritu. Desde unas humeantes tostadas, una deliciosa sopa de queso, aguacate y jitomate hasta unas enchiladas verdes. La fiesta de colores, olores y sabores se crece con el picante. Hasta el algodón de azúcar derrocha colorido. ¡Quién dijo blanco! si el azúcar hecha agua en la boca, en México es aguamarina, rosado, morado y naranja.

Si el volumen de emociones es altísimo en el Zócalo, el silencio que envuelve al Museo Nacional de Antropología es sobrecogedor. La historia de la humanidad volcada en sus salas nos hace viajar por siglos y siglos en la vida del hombre. El recorrido comienza bajo una lluvia que envuelve una columna tallada de enormes proporciones. Nuevamente la modernidad conviviendo con el ayer. Espacios contemporáneos contienen un pasado remoto, con respeto, casi con devoción. Recuento para el extranjero, porque la tecla encendida de Carlos Fuentes en la voz de un personaje tan autóctono como resentido lo describe sin clemencia en el último de sus libros:
“…Voy a los museos de México y recorro las salas de las culturas indígenas -mayas, olmecas, aztecas- maravillado del arte de mis antepasados. Pues allí quieren tenernos, señora, escondidos en los museos. Como estatuas de bronce en las avenidas. ¿Qué pasa si el rey Cuauhtémoc se baja de su pedestal en el Paseo reforma y camina entre la gente? Pues que le vuelven a quemar las patas…”

En el gran espacio central del museo, el viento y el sol viajan a su antojo. Hace falta dejarse llevar por la naturaleza para interiorizar algunos poemas tallados en piedra y traducidos de las lenguas indígenas a “la castilla” como este de Los Cantos de Huexotzingo:

“¿Sólo así he de irme?
¿Cómo las flores que perecieron?
¿Nada quedará en mi nombre?
¿Nada de mi fama aquí en la tierra?

¡Al menos flores, al menos cantos!”

Afortunadamente, este museo de la historia del hombre en general y de la de México en particular, conserva sus flores y enaltece sus cantos. ¡Que así siga siendo!



Al salir del museo y en pleno parque de Chapultepec otro rito ancestral cobra vida: 4 hombres escalan una columna azul metálico de muchos metros de altura para rendir culto a los cuatro puntos cardinales. Cuando llegan a la cima del gran tubo anclado en el suelo, van descolgándose poco a poco. No es un capricho el número de vueltas, ni el tiempo empleado en hacerlas, todo responde a un ritual, a un culto, a una certeza ancestral. La madre naturaleza es sabia, rige la lluvia, la sequía, el viento; por lo tanto aplaca el hambre y el frío y esos hombres en su afán de atesorar la tradición, vencen el vértigo, retan al miedo, dejan que su vida penda –literalmente– de un hilo. Abajo, los más pequeños juegan con pompas gigantes de jabón, comen obleas de colores, apuran un refresco que acompaña a una hamburguesa con chile. Otro niño, que apenas cruza el umbral de su adolescencia, empuña un aerosol y le tiñe el pelo de plateado a Alejandra, que se deja hacer, fascinada por esa mezcla inefable de presente y tradición.

En la periferia del DF está Coyoacán, Villa de México, lugar donde fijara su residencia Hernán Cortés mientras sitiaba Tenochtitlán. Hoy es una zona amable de calles estrellas, casas coloridas y ambiente bohemio. Allí se encuentra la “Casa Azul”, Museo de Frida Kahlo donde ella nació y murió.
En esta casa construida por sus padres a principios de siglo se despliega una pequeña muestra de su obra pictórica; el resto, se encuentra disperso en varios museos alrededor del mundo.
Salpicada de enseres personales la Casa Azul atesora –a pesar del tiempo– mucho de la esencia de esa vida corta pero intensa llena de dolor físico y plenitud creativa. Sus paredes albergan no sólo cuadros, sino objetos y muebles que nos cuentan mucho de sus antiguos habitantes. Un pincel sin limpiar deja una huella roja sobre la mesa; una biblioteca con puertas de vidrio trasluce su amor por los libros; varias piezas de cerámica, amuletos y otros objetos se agolpan en las estanterías de madera teñida de amarillo. A ratos teatral, a ratos nostálgica, deja una huella indeleble en quienes admiramos ese trabajo incansable que soportó el dolor y exorcizó los fantasmas de los celos, la envidia y el insatisfecho deseo de maternidad.

“…Cuando Agustín se sienta al piano
Diego Rivera lápiz en mano,
Dibuja a Frida Kahlo desnuda…” (Joaquín Sabina)





Pero es imperdonable viajar al DF y no visitar Teotihuacán. A escasas dos horas del ruido y el tráfico urbanos se yergue esta ciudadela construida hacia el año 750 de nuestra era. Llegó a tener más de 100.000 habitantes y ahora es un museo al aire libre.
Caminar por el callejón de los muertos bajo el sol ardiente y el viento seco, contemplar las pirámides de piedra ancestral y escalones interminables, nos llena de energía y de preguntas. Una botella helada de agua de jamaica, refresca con su aroma a flor silvestre la sed de la garganta y la inquietud de los sentidos. Un trazado geométrico une las pirámides del Sol y de la Luna a otras más pequeñas. Cada piedra lleva impresa la historia de una vida sacrificada en honor a los dioses, cada escalón está amalgamado con la sangre de los fieles, con la fe puesta en la lluvia que riega la siembra, en el sol que enaltece la vida, en los cuatro puntos cardinales; suerte de guía para estos hombres de ayer que construyeron con sus propias manos esta maravilla que siglos después se yergue orgullosa sobre la tierra árida y ocre.

En México conviven el chile y el ketchup; la ranchera amanerada de Juan Gabriel y los perros amores del Alejandro González Iñárritu; el chill out de los “antros de moda” y la nostalgia romanticona de la Plaza Garibaldi; los murales sociales de Rivera, Orozco y Siqueiros y los graffiti de los chavos que estudian en la universidad; los ojos enormes de María Bonita y los hoyuelos traviesos de Gael García Bernal; la estridencia de los colores de sus fachadas con el humo que despiden sus millones de vehículos.

En México DF, Babel contemporánea, siempre tienes un pie en el siglo XXI y el otro, apenas está cruzando el umbral de nuestra era.



Mitchele Vidal Castro


viernes, marzo 23, 2007


NUESTROS HIJOS TIENEN DERECHOS…
PERO TAMBIEN DEBERES


Como educadora y como madre me he tomado el trabajo de leer la LOPNA (Ley orgánica de Protección al Niño y al Adolescente) ya que me tiene sumamente decepcionada ver cómo se utiliza este instrumento legal como la panacea de los padres irresponsables que pretenden justificar sus errores y su falta de autoridad con sus hijos adolescentes.

Nunca me he considerado una madre autoritaria, más bien siempre he tratado de mantener una comunicación abierta con mi hija y mis alumnos de manera tal de lograr exponerles los pro y contras de sus actos y las respectivas consecuencias, de esa manera nunca hay que llegar a la necesidad de impartir disciplina a gritos y mucho menos a golpes.

Como padres y representantes es nuestra obligación leer dicha ley y entenderla como un instrumento que garantiza los derechos de nuestros hijos, pero también hay que leerse los deberes de los mismos ya que como futuros ciudadanos hay que recordarles desde ahora su compromiso consigo mismos y con la sociedad a la cual pertenecen.

Es muy triste ver como algunos adolescentes también han mal interpretado esta ley, apoyándose en ella para ir por la vida de manera irreverente, y ni siquiera hablo de los adolescentes en situación de riesgo, hablo de muchachos como mi hija o como muchos otros que estudian en colegios privados, donde existen reglamentos internos escolares bien explícitos y sin embargo los violan apoyados por sus padres.

Entonces, dónde está la autoridad de esos padres? Acaso ellos están cumpliendo con la LOPNA poniendo a sus hijos en el camino correcto del cumplimiento de sus deberes? Acaso esos padres muestran a sus hijos adolescentes la importancia del cumplimiento de las leyes como individuo que forma parte de una sociedad? Y el rol orientador dónde queda?

Déjenme decirles a esos padres, que es lamentable ver como desvían la intención de la LOPNA como una manera de justificar su falta de carácter y comunicación con sus hijos permitiéndoles tomar decisiones que aun no les corresponde a su edad llamándolo “respeto a su individualidad” e incluso, es lamentable ver cómo desde pequeños les enseñan a desafiar a la autoridad para que el día de mañana continúen haciendo lo mismo, pero esta vez como adultos… O delincuentes?

Es fundamental entender la LOPNA como un instrumento que garantice los derechos de nuestros hijos, pero antes que nada, debemos entender y hacerles llegar el mensaje a estos muchachos que también existen DEBERES que contempla la mismísima LOPNA, así como la Ley Orgánica de Educación y nuestra Constitución Bolivariana de Venezuela.

Es nuestra obligación como padres encauzar el desarrollo de nuestros hijos a formar ciudadanos que respeten los valores morales y sociales, e incluso, es nuestra obligación apoyar a las autoridades escolares como ente que colabora día a día en la educación de nuestros hijos apoyándonos en su formación integral. Es verdad que como padres y representantes debemos ser vigilantes del proceso educativo, pero de manera tal que fluya en función y beneficio de los niños y adolescentes.

No le encuentro sentido ver como existen padres y representantes que se enfrascan en una pugna constante con las autoridades escolares utilizando a sus hijos como instrumento de desafío a las mismas, apoyando a estos muchachos a romper todas las reglas establecidas en las instituciones educativas de nuestro país, llegando al extremo de permitir a sus hijos mutilarse con los famosos “piercings”, tatuarse, vestirse de manera inadecuada convirtiéndose finalmente en una caricatura ambulante que lo que inspira es lástima llevándonos a una pregunta obligada: y dónde están los padres de esa criatura? Qué valores se están impartiendo en esa casa? Donde queda el compromiso de esos padres con las instituciones educativas? Como podemos pedirles a los colegios que nos apoyen en tan ardua labor como es la de formar niños y adolescentes útiles a la patria si somos los primeros en romper las reglas e instan a esos muchachos a que sigan el mismo camino?

Pienso finalmente que somos muchos más los padres preocupados de formar hijos íntegros y capaces de tomar decisiones como ciudadanos respetuosos de las leyes, de la moral y las buenas costumbres que aquellos que delegan la responsabilidad de educar a sus hijos a la tan conocida “presión social” como un justificativo de la escasa capacidad de ejercer su rol paternal orientador… No hay que olvidar que una cosa es ser flexible y otra bien diferente ser permisivos.

Mi conciencia está muy tranquila, y mis ideas claras con respecto a la LOPNA, por lo que invito a quienes se hacen llamar “Padres de familia” a leerla e interpretarla en beneficio de nuestros hijos y no como una manera de trasladar nuestras frustraciones de juventud a nuestros muchachos, permítanles ser libres y a expresarse, pero enseñándoles el camino de la rectitud, el respeto y la conciencia de que pertenecemos a una sociedad donde los que van en contra de lo establecido social y moralmente, generalmente terminan saliéndose de la delgada línea que separa a la sociedad y a los antisociales.

Nunca se ha dicho que nuestra labor de padres ha sido fácil, más aún con los tiempos que corren donde el bombardeo de información nos obliga a estar alertas del camino por donde van nuestros hijos y nos empuja a ser más rápidos que el internet, la televisión y todos los medios de comunicación, es nuestro reto, entonces hagámoslo correctamente y sin miedo a ejercer nuestra responsabilidad… nuestros hijos nos lo agradecerán algún día…

(15/01/2007 en la Clínica)
CON TODOS LOS HIERROS!!!

Después de unos cuantos meses de ausencia, o como el título de mi último post, mi silencio obligado, me trato de reincorporar a la vida cotidiana poco a poco, no sin antes agradecer a muchas personas, muchísimas el inmenso apoyo que me han dado ante mi situación de salud.
Ha sido un camino duro, cada vez que sentía que lo estaba logrando aparecía una cosa nueva, un nuevo síntoma o efecto secundario de la Quimioterapia, la Radioterapia o la Braquiterapia… finalmente siento que lo estoy logrando, aunque persiste un cansancio físico y mental que espero superar pronto para hacer una vida normal…
Quiero enviar mis bendiciones a cada uno de aquellos que estuvo cerca de mí con una llamada telefónica, un mensaje de texto y hermosos mails que me llenaban los días metida en mi casa, ni se imaginan lo reconfortante que es saber la cantidad de amor que tiene tanta gente linda que conozco y que en esta ocasión lo compartieron conmigo para darme fuerzas y ánimo de luchar…
Fue un gran reto conmigo misma y un compromiso con mi familia, con ustedes…
Aun falta camino por recorrer, pero estoy segura de que ya lo logré… gracias por haber estado ahí, los quiero mucho!!!

lunes, diciembre 18, 2006

(Carcassone, Francia 2006)

Silencio obligado…


Existen a veces motivos por los cuales nos vemos obligados a retirarnos del escenario de la vida cotidiana. Este es mi caso… hace ya algunos meses que mi cuerpo no respondía como siempre, manifestaba fatiga, dolores y cambios… ya él estaba ahí… silencioso como suele llegar.
Jamás imaginamos, a pesar de haberlo tenido tan cerca, ya sea con familiares, amigos, compañeros de trabajo, que en algún momento nos tocaría enfrentarlo cara a cara y con todas sus consecuencias.
Pues si, esta vez me tocó a mi, y ya es el momento de actuar, sin pensar en “lo que pudo haber sido si”… solo existe el ahora y el mañana, ese mañana que me niego a que se convierta en algo incierto o lejano e inalcanzable.
Para mi las cosas no han cambiado, simplemente cambié la rutina cotidiana del trabajo, de las clases de francés, de los sábados de compras, por las visitas diarias a mi radioterapia y semanales a la quimioterapia…
Mi ánimo esta mejor que nunca, es más, no permito que nadie se me acerque con lástima o compasión, esa es gente que me resta la energía que necesito para luchar de hoy en adelante.
Es inmensa la lista de amigos que me están apoyando en mi nuevo reto, es inmensa la energía positiva que esta a mi alrededor y déjenme decirle a quienes me apoyan: no los defraudaré!!!
Porque aun me quedan muchísimas cosas por hacer en esta vida, ver crecer a mi hija, convertida en toda una profesional, verla felizmente casada, con sus hijos y una vida maravillosa que fue escrita desde el momento que nació, destinada a ser feliz y triunfadora. Me quedan muchos años por compartir con mi esposo Francis, el cual se ha convertido en mi sombra protectora, donde me siento segura y confiada de que todo va a estar bien. Me falta ver a mi mamita hacerse viejita, como esas abuelitas dulces y cariñosas que siempre te llenan de sorpresas, aunque tenga que pasar por el dolor de verla partir antes que yo. Me falta poder compartir más con mis hermanos, los cuales adoro y quiero hasta el infinito, y han estado al pie del cañón a pesar de encontrarse tan lejos. Me falta retribuirles a mis amigos todo ese amor que me han brindado desde que supimos la fatídica noticia. Me falta un sinnúmero de cosas por hacer en esta maravillosa vida y eso me da más empuje para lograr vencer a este intruso que nadie invitó a participar de mi vida, pero que ya esta aquí y me toca luchar con él, hasta ganarle.
Quizá escribiendo logre de algún modo terminar de enfrentar ese miedo que sentí de que la gente se enterara, ya que sentí una mezcla de vergüenza y miedo escénico a la vez (cosa que nunca tuve) también me sentí culpable, si, culpable de que esto me esté pasando, pero gracias a Dios fue una idea fugaz que pasó por mi mente y que ya no tiene más cabida en mis pensamientos. En este momento solo importa de aquí en adelante, no puedo darme el lujo de distraerme en cosas inútiles que sólo me llevarían a deprimirme o renunciar a la lucha que esta comenzando entre él y yo. La fe y el optimismo son mi consigna como ha sido siempre.
Ya he sabido por distintas maneras de que no va a ser fácil, pero ¿quien dijo miedo?, sé que he pasado por miles de cosas bien fuertes en mi vida, y esto será sólo una experiencia más de la cual estamos sacando aprendizajes inimaginables y de la cual saldremos fortalecidos todos los involucrados, familia, amigos, compañeros de trabajo, conocidos...
Ahora comienza una nueva etapa en mi vida, un nuevo reto, una nueva meta la cual estoy segura que voy a lograr… y es ganarle a Cáncer… discúlpenme entonces este silencio obligado, ahora estoy lista para romperlo con ustedes quienes me han apoyado y han estado conmigo cada día y de ahora en adelante, como dije antes, nunca los defraudaré…

jueves, octubre 26, 2006

(Calles del Saladillo)

Pa’ MARACAIBO me fui.
Y es que definitivamente mi amiga Mitchelle y yo estamos conectadísimas... el martes pasado me tocó viajar a la ciudad de Maracaibo y por tal motivo ella me envió esta hermosa crónica donde describe tal cual todo lo que pudimos disfrutar mi esposo Francis y yo, además de una riquisima cena con vino incluido con mi amigo José Domingo Rincón (al que no veía hace 15 años atrás) y su hermosa esposa Lidia quienes se botaron como anfitriones, mil gracias una vez más a ellos dos... aqui les dejo entonces...
Tenía una deuda con Alejandra que nació el 18 de noviembre, día de La Virgen de La Chiquinquirá, pero finalmente pude llevarla a conocer Maracaibo.

Más de tres millones de maracuchos -y nadie sabe cuantos colombianos cedulados a toda carrera en la Misión: “De aquí no me saca nadie”- y Maracaibo, la primera ciudad de Venezuela está increíblemente limpia. Y digo increíble no porque no sea posible, sino porque viendo como Caracas se nos llenó de basura a veces pensamos -injustamente- que en todo el país es así. ¡Qué equivocada estaba!

Como también me parece increíble, que la rivalidad existente entre un alcalde, Di Martino, abiertamente “revolucionario” y un gobernador, Manuel Rosales ¿“contra-revolucionario”?,
además de generar muchas polémicas internas haya servido para crear una especie de “sana competencia” que ha favorecido enormemente a la ciudad y como consecuencia, a sus ciudadanos. ¡Para que vos veaís! Y sigo con lo de increíble porque aquí pasamos 4 años viendo pelear a Freddy Bernal con Alfredo Peña como quien ve llover en Macondo, sin hacer nada pues y mas o menos así seguimos. ¡Que molleja!

Bueno, en fin, que no estoy aquí para hablar de Caracas -como casi siempre- sino de Maracaibo y de lo limpias que están sus calles, de lo agradable que fue recorrerlas y encontrar a su gente disfrutando del verde de sus parques y sus plazas disputándose con el sol todo el brillo y todo el color.

Entre las mejoras tangibles que ofrece la ciudad está un recorrido turístico en tranvía que organizó La Alcaldía. En realidad es un autobús hecho a la imagen y semejanza de ese vehículo que transportó a nuestros abuelos hace ya bastante tiempo: asientos de madera natural; ventanales panorámicos; exterior pintado de rojo fuego y amarillo rabioso con eficiente aire acondicionado -como corresponde a esas tierras de Dios- un chofer que además de conducir canta y declama versos propios y ajenos junto a una maracaibera dispuesta a hacer reír hasta a los más estresados, si es que a esas alturas del Panorama todavía sus amarguras no se han disuelto al calor de esa sonrisa y de un cepillado de coco con leche condensada.

El paseo comienza en Lago Mall, el Centro Comercial que acaparaba la atención de todo el que quería ver y ser visto, antes de que apareciera ese enorme imán para adolescentes de último modelo, adultos contemporáneos con celular inalámbrico, niñitos gritones y mujeres al borde de un ataque de compras, llamado Sambil. Nada nuevo tampoco bajo el sol zuliano, excepto que al lado del ketchup no sólo están las papas fritas sino los patacones con sal. Pero sigamos con el viaje en tranvía.
La Avenida 5 de Julio en toda su extensión se nos antoja llena de hitos que identifican la ciudad, y en la medida que la recorremos, los guías nos cuentan como cada una de sus edificaciones tiene una historia que contar y muchos records que batir. De ese modo sabemos, que allí se encuentra el primer edificio con aire acondicionado que se construyó en Venezuela; una casa en la que se realizó un exorcismo y por eso no ha podido ser demolida (la imaginería popular no conoce límites); por qué Sears, hace unos cuantos años fue la ruina de la clase media que allí aprendió a endeudarse y un largo etcétera salpicado de gaitas y de anécdotas que prefiero no contarles para que no dejen de hacer ese mágico viaje la próxima vez que vayan a Maracaibo. Se lo recomiendo especialmente a los marabinos seguramente disfrutarán más de su ciudad de la mano de sus paisanos y con un guión escrito desde el corazón de una de las cronistas de la ciudad.

Claro que ir a Maracaibo y no pasar por lo que queda del barrio El Saladillo para sentir todavía la nostalgia de ese vacío que dejó la picota del progreso; disfrutar de las coloridas casitas de Santa Lucía; de la reluciente fachada de La iglesia de Santa Bárbara -azul intenso delicadamente bordado por blanco inmaculado- contemplar con asombro como la fachada casi austera de la Basílica de La Chinita contrasta con su interior abigarrado, y con la enorme fe de todo el que allí se cobija, es como no ir, pero tranquilos, que por allí también pasa el tranvía.

Uniendo una iglesia con otra se encuentra el recién estrenado Paseo de la Virgen en un estilo que podríamos llamar arbitrariamente “Versallesco maracucho” -sin ánimo de ofender- ya que por si fuera poco la balaustrada verde inglés con bordes dorados que lo circunda, aquí les ofrezco las palabras de Ricardo, un taxista simpatiquísimo y conversador: “A mi me encanta este Paseo a pesar de todo lo que dicen en su contra porque cuando uno camina por aquí, es como si estuviera en Francia y no en Maracaibo” ¡Ya sabemos lo acertada que es la sabiduría popular!

Otro itinerario del tranvía nos llevó mucho más lejos, casi fuera de la ciudad, al Planetario, que se encuentra dentro del Parque Simón Bolívar ¡que pavo! 45 minutos de carretera limpia y bien asfaltada. Todo por un precio muy solidario hasta con el bolsillo más golpeado por la reciente devaluación: Bs. 2.000 para los adultos, los niños pagan con una sonrisa.

En una de las salas del parque y teniendo como fondo una exposición, nos esperaba el Ensamble de la Alcaldía, un sexteto formado por cuatro, guitarra, mandolina, percusión, flauta y un sobresaliente violín que llenó ese espacio de música venezolana muy bien ejecutada. Sólo una nota discordante, un maestro de ceremonia ad hoc -ya que las condiciones acústicas de la sala no le permitieron descargarse con el bajo, su instrumento de reglamento- después de exaltar las virtudes del Ensamble y la labor didáctica que están ejerciendo en las escuelas básicas, dejó escapar esta perla: “Esta es la única música que nuestros hijos tienen que escuchar, ojalá se prohibiera difundir toda esa porquería que nos traen de afuera, pero eso ya queda en nuestras manos”. Cosas de la revolución, digo yo, o de la ley RESORTE, dirá él. Total, todos tenemos derecho a desafinar en algún momento.

La verdad es que ni siquiera un comentario tan infeliz pudo borrar la sonrisa que se empeña en ocupar mi boca cada vez que escucho nuestra música, interpretada no sólo con técnica sino con pasión -y si no, escuchen a Huascar Barradas venido de esas tierras para alegrar éstas- mucho menos opacar la fuerza de ese Pajarillo que se fugó del corazón y voló en las manos de un joven violinista llamado Oscar que nació hace poco más de veinte años en la Tierra del sol amada.

Mitchele Vidal Castro

viernes, octubre 20, 2006


ENLAZANDO DESTINOS



“Una de las más brillantes, generosas y eficaces intervenciones urbanas realizadas en Venezuela durante el siglo XX y lo que va del XXI ha sido,
y no debería quedar duda al respecto, la construcción del Metro de Caracas.”

Tulio Hernández


En el caluroso agosto de 1989 Myron tiene 5 años, apenas está aprendiendo a identificar las letras pero para él hay una inconfundible; la primera que reconoce no es la M de mamá, es la M de Metro. Sus ojos se iluminan cada vez que se encuentran con una de esas enormes y amarillas M en su recorrido por nuestra ciudad. En el lluvioso agosto de 2006 Myron –quien ya es habitual usuario del Metro- regresa a su casa ubicada al sur de El Rosal desde La California donde vive su novia, en un subterráneo atestado de gente y de mal humor. No sólo el clima ha cambiado en Caracas –arriba y abajo- a través de los años. El Metro, nos da buena cuenta de ello.

En 1989 cuando el Metro era apenas un recorrido subterráneo de Propatria a Chacaíto y viceversa, Myron garabateaba sus primeras letras y en sus dibujos, siempre se destacaba la imponente M con la que aprendimos a identificar a esa suerte de progreso bajo tierra en que se convirtió el Metro para todos los caraqueños. Era tal su fascinación por ese tren emblema de la modernidad -juguete a gran escala- que su mamá lo llevaba de paseo para disfrutarlo juntos. Me cuenta que se iban los dos en un viaje de ida y vuelta, deteniéndose en cada estación, y que una de las cosas que más le gustaba del recorrido era ver cómo la luz entraba a raudales en la estación Caño Amarillo para robarle de un solo golpe la oscuridad al vagón en que se encontraban. Entonces había sitio para todos, y era común encontrarse con usuarios primerizos y desorientados en busca de algún guía. Los parlantes vociferaban si algún usuario descuidado ponía sus zapatos sobre las paredes de la estación, o peor aún, si dejaba caer un papel al piso; encerrado en el vagón y a la vista de todos los que en ese momento lo acompañaban en el recorrido, una voz en off describía al trasgresor y todas las miradas desaprobatorias se posaban sobre él. Mucho se ha escrito sobre la incidencia de la normativa impuesta para los usuarios del Metro y cómo el mismo ciudadano se comportaba de forma distinta unos cuantos metros bajo tierra. Cuenta Tulio Hernández -en un reciente artículo publicado en el diario El Nacional- que el novelista Manuel Vicent escribió una crónica describiendo el extraño fenómeno de una capital en la cual los mismos ciudadanos que en el subsuelo se comportan de forma civilizada y cuidadosa, una vez en la superficie se convertían en una especie de bárbaros trasgresores de toda norma de civilidad y convivencia.

Y así pasamos a formar parte de la lista de grandes ciudades que cuentan entre sus medios de transporte masivo con esa serpiente metálica de sinuoso y rápido movimiento. Sus usuarios, cautelosos al principio, fueron acostumbrándose poco a poco a la idea de trasladarse de un extremo al otro de nuestra ciudad sin padecer el calor, el tráfico y las cornetas. En la estación Chacaíto una imponente escultura de Jesús Soto confunde los rayos del sol con varillas metálicas amarillo estridente; Sabana Grande nos lleva desde la oscuridad del subsuelo hasta el indescriptible caos en que se ha convertido su boulevard; en Parque del Este nos reciben las grandes columnas de madera que creó el maestro Harry Abend y que nos invitan a mirar al cielo a través de un enorme techo de vidrio. Para experimentar apenas en minutos dos de las múltiples caras de nuestra ciudad, sólo basta con bajar unas escaleras en la Plaza Francia, dejar atrás el Obelisco que recorta el Ávila y recorrer el trayecto que separa a Altamira de La Hoyada.

Pero así como el Metro fue creciendo hasta llegar a Palo Verde y ramificándose primero hacia El Silencio y después hacia la Ciudad Universitaria, Myron también cambió de rumbo: un carro conducido por su mamá e interminables colas, fueron su compañía durante varios años todas las mañanas de una a otra loma del sureste. No sólo escribía y leía cada vez mejor restándole importancia a esa M de sus primeros juegos, sino que su vida de niño y adolescente se desenvolvió de un lado a otro de la ciudad pero sin necesitarlo. Fue como cuando dejamos olvidado en un rincón al que fuera nuestro juguete favorito porque ya estamos muy grandes para divertirnos con él. Durante todos esos años y en compensación a ese particular olvido, al Metro le llegaron miles de nuevos usuarios. Junto con la madurez, nuevas estaciones se fueron sumando y con ellas, una cantidad importante de ciudadanos se vio beneficiada. Arriba la ciudad hierve y abajo cada vez más gente aprende a desenvolverse con soltura en esa red que se va tejiendo poco a poco. Ahora la queja es que ya es insuficiente; de todas partes llegan los usuarios acalorados y apurando el paso, porque el que no se pone las pilas para subirse de un tirón, aunque con ese movimiento empuje a unos cuantos, ¡se queda!, o peor aún, le sucede lo que vi con mis propios ojos: la turba enloquecida en sus dos corrientes -los que entran y los que salen- atropelló a una señora que gritaba desaforada porque una de sus piernas se atracó en la ranura entre andén y vagón. Yo me quedé paralizada, atiné a hacer nada y el pánico era por supuesto, que el tren arrancara con la pierna de la señora hundida hasta el muslo. Menos mal que un hombre reaccionó rápidamente pisando con furia el botón de la alarma para impedir que aquel horror se concretara. Al fondo una voz en off, apenas se escucha: “Dejar salir, es entrar más rápido”.

Hoy, un millón de almas recorre sus entrañas a diario sin pausa y con mucha prisa, cinéticas sombras se llevan todo por delante. Apenas hay tiempo para el beso furtivo de un par de estudiantes en el vagón, ella esconde sus recién estrenadas curvas –pero no su ombligo- en tela de camuflaje verde oliva y rosado fucsia y él, se enfunda en un bóxer tan grande como sus zapatos de goma pero menos evidente que su deseo. A su lado, una jovencita los mira de reojo, recordando que lo que lleva entre sus brazos es el regalo inesperado que le dejó un fugitivo primer amor. El aire se calienta y una señora cansada voltea su mirada. Tres niños llenos de tierra del Parque del Este se ríen con picardía. Otra muchacha se las arregla para amamantar a su bebé entre aquel gentío. Un oficinista hace equilibrio para leer el periódico y mantenerse en pie al mismo tiempo. Cuando el tren se detiene y las puertas se abren, la marea humana se revuelve, sus olas traen mil nuevas caras que arrastran otras mil pequeñas historias cotidianas. Alguien tararea el tema musical de la telenovela del momento. Caracas, ciudad bendita, ya no es posible concebirte sin el Metro.

El caso es que Myron se mudó del sureste a El Rosal y retomó sus andanzas en el Metro, morral al hombro y sueños en su cabeza de adolescente estrenando la UCV. Cuando se graduó de bachiller, se inscribió en la nómina de los usuarios habituales: de lunes a viernes, dos veces al día, con boleto azul y tarifa preferencial de estudiante. Algunas estaciones se las conoce de memoria: Chacao, Plaza Venezuela y Ciudad Universitaria por eso de los planos, las maquetas, los libros. La California, por aquello del amor. Fue justamente regresando de la estación que lo lleva hasta donde lo despiden con varios besos, que se paró a esperar el tren justo debajo de la video-cámara -“Es que ese el lugar es más seguro” me dijo, y fue allí donde se apareció aquel fulano con pinta de andar medio asustado, chaqueta azul y manos en los bolsillos. “Entonces, brother, ¿Cómo está la vaina?” Myron sabía que no tenía ninguna vaina que contarle a ese tipo, pero igual hizo como que sí, mientras rogaba que el vagón llegara rápido. La gente caminaba a su alrededor, incluso un par de policías uniformados; cuando los vio le dijo al malandro en su mismo léxico: “Pana, ahí hay un par de azules” –“Qué va mi pana, no te pongas cómico, que lo que yo tengo en esta mano es un yerro, así que dame tu celular y venga esa cartera, a ver si hay al menos para unas birritas, y de paso te informo, que allá arriba está mi hermano y ese sí que es mala nota.” Mientras abordaban el tren, el celular y la cartera cambiaron de mano, pero lo peor es que como el teléfono es de esos con cámara y demás aditamentos tecnológicos, el tipo ya se sabía hasta de qué color son los ojos de la novia de Myron. Esta vez la falta de dinero obró el milagro, porque la cartera de Myron estaba tan escuálida como la del malandro, así que éste se bajó en la próxima estación a buscar otra presa, digo yo. Myron pasó de largo por Chacao por miedo a que lo estuvieran siguiendo y se bajó en Altamira, no sin antes voltear varias veces para atrás. Después de andar algunas cuadras a pie, con la cabeza hecha un lío y el corazón a punto de salírsele del pecho, llegó a su casa; su mamá tenía el teléfono al oído y el susto le desdibujaba la cara. “¡Hijo, qué bueno que estés aquí, porque me acaban de llamar para decirme que te tenían secuestrado! ¿Qué broma tan pesada, no?

Hace pocas semanas estrenamos 4 estaciones en esta ciudad tropical donde todo se resuelve entre la lluvia y el sol. Pertenecen a una línea 4 al rojo vivo que sólo existe en los carteles que la anuncian como la gran obra del gobierno, porque en los planos, apenas se entiende como una prolongación de la línea 2 que corre paralela a la línea 1. Son amplias y un aire tecno marcado por paneles metálicos, barandas de vidrio y pisos rodantes las distingue del resto. No hay obras de arte ni escaleras mecánicas ¿por ahora?, pero están ávidas de ser descubiertas y transitadas como sus antecesoras. Los pocos usuarios que las recorren se muestran desconcertados y nos recuerdan a los que venciendo la incertidumbre que da lo desconocido se aventuraron hace casi 30 años, a transitar por la ciudad subterránea, la malquerida paralela. A Myron, después del susto del robo le costó un poquito volver al Metro, pero el primer amor siempre trae consigo una desilusión y aunque son diferentes los sabores que nos impregnan en la memoria, no podemos seguir adelante sin recordarlos, mucho menos, sin perdonarlos.


Mitchele Vidal
Caracas, agosto 2006




SEXO INDIFERENTE...



El título no se refiere a que el sexo me es indiferente, mucho menos a que me da lo mismo, como podría deducirse a simple vista de esa frase, hace años que no me duele oportunamente la cabeza. Es en realidad, uno de los requisitos que exigen a los posibles aspirantes al cargo de “cajeros bancarios integrales” publicado hoy en la prensa por el Banco del Caribe.

Confieso que cada vez con más frecuencia mis ojos se pasean por los avisos de oferta de empleo y por los obituarios. La curiosidad que me mueve a ver los primeros –los de la búsqueda de personas idóneas para engrosar la lista de empleados- se debe a que de esa forma puedo hacerme una vaga idea de cómo va la movida laboral o la producción nacional. Y es que hace algún tiempo que en nuestro país junto con las abultadas cifras de la delincuencia producto de la creciente inseguridad; la basura, que no sólo se adueña de las aceras y de las calles sino que ha convertido la boca de varios funcionarios en putrefactas cloacas, a juzgar por el hedor de las palabras que ellas despiden; el desempleo se debate enloquecido entre las cifras oficiales y la dura realidad que nos muestra que ese contingente de hombres y mujeres vendiendo de todo en los bulevares, avenidas y autopistas podría, en realidad, estar trabajando en la industria de la construcción si las autoridades en lugar de destruir, se avocaran a poner piedra sobre piedra; o formando parte de la línea de producción de alguna de las empresas multinacionales que abandonaron nuestro territorio para instalarse en países vecinos con gobiernos menos hostiles y leyes más claras. Claro, para el gobierno, buhonero no es un eufemismo de desempleado. En fin.

Lo cierto es que el aviso de marras solicita: “Cajeros Bancarios Integrales. T.S.U o estudiantes de banca y finanzas, economía, administración o carreras afines. Edad entre 22 y 32 años con experiencia como cajero en banco. Sexo indiferente”. Ni siquiera dice: Sexo, indiferente. Para que al menos el lector se pro-pare ante la “coma” -como nos mandan las sagradas leyes de la lectura- y entienda que no importa el sexo del aspirante, sino que en el susodicho Banco son de mente abierta, pues.

Fue precisamente esa aclaratoria la que me hizo pestañar. Cierto es que en esta época de comidas y bebidas light, un cajero integral debe ser muy fácil de digerir, o al menos ayudarte con una saludable sonrisa a pasar el trago amargo cuando rebote ese cheque que finalmente te entregaron, después de hacer una larga cola. El castellano da para todo y es por eso que abusamos de él, pero la verdad, es que lo de sexo indiferente me parece como mucho, digo yo.





En esta época de la no discriminación sexual está muy bien que en los avisos de búsqueda de personal –como se decía antes- y de Recursos Humanos -como decimos ahora- no importe si el cajero o cajera en cuestión es hombre, mujer, transexual, heterosexual, está a punto de salir del closet o apenas entrando en él, o si por el contrario se divierte por igual jugando para los dos equipos, como decimos en esa asimilación de la jerga beisbolística que llena nuestro refranero popular, pero que sea de sexo indiferente lo veo muy difícil, sobre todo en edades comprendidas entre los 22 y los 32 años, cuando el sexo tiene de todo, menos de indiferente. Especialmente en un país como el nuestro, en el que abundan los estímulos de esta naturaleza, y para muestra basta un botón del ramillete de vallas publicitarias regionales que invaden todas las calles.

El mismo aviso advierte a los aspirantes a “Promotor Financiero Bancario”, que además de los requisitos exigidos al cajero, deben tener disponibilidad para trabajar tiempo completo e incluso, horario de centros comerciales. Mega horario dirán mis sobrinos, horario Sambil diría yo, porque desde que se instaló esa apología al consumo con forma de centro comercial, cualquier mortal puede ir al banco en el cómodo horario en el que debería estar almorzando o cenando, aunque claro, una vez en la agencia bancaria se da cuenta que el arquitecto construyó doce taquillas, pero en realidad a esa hora funcionan sólo dos; y como una de ellas está destinada a personas de la juventud prolongada; con alguna discapacidad física o en estado interesante, si el usuario no sufre ninguna de estas minusvalías entonces su seguro destino es una larga cola que no siempre le garantiza el acceso a la tan ansiada taquilla; puede ser que cuando finalmente llegue a ella, se vaya la línea.

Así que para formar parte de los que cobran quince y último con las deducciones de ley y gozar de un Seguro Social donde lo único seguro es que no te atiendan; cotizar para una política habitacional que no construye viviendas sino que invade las que ya están construidas; pagar impuestos a un gobierno que fabrica escuelas, construye puentes, dota hospitales y honra la deuda externa de muchos países, deshonrando el nuestro, basta con tener experiencia, buena presencia, capacidad para trabajar bajo presión, disponibilidad inmediata y eso sí, menos de 45 años. A lo mejor, por eso es que hay tantos buhoneros ¿o desempleados?, digo yo.


Mitchele Vidal
Septiembre de 2006

jueves, octubre 19, 2006

(Entre amigos...)
Bienvenida Mitchele!!!


Una vez les comenté que escribir en un blog no es tarea fácil… el tiempo, los compromisos, hacen que cada vez sean mas espaciados los “post” (entérense que “post” es el nombre de cada escrito en un blog…), sin embargo, a veces la carga se hace mas liviana cuando es compartida, y como además ya existe mucha gente que me escribe y me llama para felicitarme por este humilde espacio, entonces el compromiso de mantenerlo actualizado es cada vez mayor, entonces fue cuando finalmente la convencí… así que de ahora en adelante podremos disfrutar de la excelente calidad literaria de mi amiga Mitchelle Vidal.
Ya yo venia recibiendo vía correo electrónico sus escritos, los cuales generalmente eran como para reenviarlos a todo contacto posible, pero como muchas veces pasa, los correos los leemos a la carrera y no les damos la importancia que se merecen… lo que si les voy a deber es una breve biografía sobre ella, hasta que se digne a complacernos una vez mas y contarnos un poquito de su vida… Solo falta que mi amigo “Nico” se anime también a acompañarnos y hacer un poco de catarsis ante estos tiempos tan difíciles… Se les quiere mucho!!!